domingo, 7 de enero de 2018

Reinventarse: el arte de la reconstrucción personal.

 
Martin Vargas, FEARP-

Crisis (del latín crisis, y este del griego κρίσις krísis): cambio profundo y de consecuencias importantes en un proceso o una situación, o en la manera en que estos son apreciados (diccionario de la Real Academia Española).

La celebración en Madrid, en el próximo mes de julio, del XIII Congreso Mundial de Rehabilitación Psicosocial, coincide con una triple crisis: epistemológica, económica e intersubjetiva.

La psiquiatría enfocada en el nivel biológico de la realidad ha dado menos frutos de los esperados. La promisoria “Década del cerebro” se despidió con el cambio de milenio acreditando escasos resultados clínicos. A la vez, los estudios genéticos en psiquiatría han chocado con el ambiguo muro de la epigenética donde la causalidad mecanicista de la química se diluye en el imprevisible mundo de la vida. La psiquiatría sufre una profunda crisis epistemológica de la que son algunos síntomas la polémica DSM-V versus RDoC o la proliferación de ensayos de divulgación contrarios a la prescripción de psicofármacos. Aunque sea sólo indirectamente, la rehabilitación psicosocial, apegada a las perentorias necesidades asistenciales y sociales de las personas con trastornos mentales graves, también ha participado de esta crisis. Hiere el orgullo de la psiquiatría como ciencia, el hecho de que la esquizofrenia siga predominando en las sociedades industriales desarrolladas y en los núcleos urbanos. El humano, como ser biográfico, incluso en el estado de máxima fragilidad y sufrimiento, parece escaparse de las redes del positivismo. La psiquiatría se presenta así, en 2018, como un gigante desarmado ante su principal adversario.

La crisis económica, que en España cumple ya una década, ha ahondado las diferencias sociales y ha mermado de manera preocupante la capacidad de reacción económica y cívica de las clases medias y de las personas pobres o en riesgo de pobreza. Las personas con trastornos mentales graves han sufrido especialmente este declive socioeconómico. Más aún, uno de los principales logros de la política española contemporánea, el derecho a la protección estatal en situación de dependencia, está experimentando una involución precoz. La Ley 39/2006, de 14 de diciembre, de Promoción de la Autonomía Personal y Atención a las Personas en Situación de Dependencia se concibió, como su enunciado proclama, para promover la autonomía de las personas en riesgo de dependencia. La ayuda económica estatal al núcleo familiar de la persona dependiente era el instrumento operativo para el ejercicio del derecho a la protección. La capitalización de la dependencia asociaba un riesgo de mercantilización que parece estarse produciendo. Las personas con trastorno mental grave son ahora un elemento, no sólo del mercado psicofarmacológico, sino también del naciente mercado sociosanitario. Si los profesionales no estamos atentos para hacer un adecuado uso del montante económico invertido por el Estado en la Ley de Dependencia, ésta puede convertirse en un riesgo “cosificante” de los pacientes, más que en un aliado de su recuperación y desarrollo personal. Sigue aún pendiente la investigación científica rigurosa de los efectos adversos de la rehabilitación psicosocial y de los aspectos diferenciales de las distintas prácticas clínicas y sociosanitarias.

Las relaciones intersubjetivas en el campo de la rehabilitación psicosocial son especialmente complejas y matizadas. Al tratarse de una relación clínica, el  marco general no puede ser otro que el de la compasión médica, que en el ámbito general de la medicina ha evolucionado desde el paternalismo hacia una relación democrática. La compasión surge de la radical intersubjetividad del humano en virtud de la cual el “yo” no es más que una de las perspectivas del núcleo dialógico “tú-yo” y el “él” no es sino una proyección del “yo”. Tal sistema “tú-yo-él” puede ser paternalista, autoritario o democrático dependiendo de los valores que lo animen. Además, en rehabilitación psicosocial el sistema relacional intersubjetivo incluye otras perspectivas junto a la propiamente médica: cognitiva, funcional, laboral, vocacional, ciudadana y de otros tipos. En el nuevo milenio esta red relacional ha experimentado cambios profundos: movimientos “en primera persona”, alianzas entre las asociaciones de familiares y la industria farmacéutica o renacimiento de la antipsiquiatría, por poner sólo algunos ejemplos. En medicina se ha evolucionado desde el paternalismo hacia la autonomía, y en rehabilitación psicosocial se ha ido aún más allá. En una suerte de experimento nietzscheano se reivindica hoy “el valor de la locura” y se sospecha del saber técnico como una forma de autoritarismo. Hasta qué punto la rehabilitación psicosocial debe ser una práctica emancipatoria, más allá del marco axiológico sanitario, está aún por consensuar.

La crisis epistemológica de la psiquiatría parece, pues, que no es más que la sombra de los profundos cambios que se están produciendo en el sistema social, económico y político implicado en los trastornos mentales potencialmente discapacitantes.

Una crisis es un cambio profundo de consecuencias importantes. Que éstas sean problemáticas o afortunadas dependerá en gran medida del rumbo que determinen los agentes implicados: pacientes, familiares, profesionales, sociedad civil y Estado. Como alternativa a la “alienación cosificante” de las personas afectadas, que podrían convertirse en meros instrumentos del mercado farmacéutico y sociosanitario, puede concebirse la esperanza de una sociedad de personas, estructurada en torno a la dignidad. La dignidad de la persona parece una buena utopía que actúe como clave de sentido. Recuperarse de un trastorno mental grave no es sólo volver a participar productivamente en la sociedad o recuperar la capacidad para una vida autónoma. Recuperarse es reconstruirse sabiéndose digno ello, de manera similar a como es digna la obra de arte, ya sea original o rehabilitada. Sería bueno que todos los agentes implicados se alineen orientados hacia esta máxima: recuperarse es el arte de reconstruir la dignidad personal. Reconstruyámonos como personas superadoras de la enfermedad, como profesionales y como agentes económicos y sociales ¡Reinventémonos en Madrid, julio del 2018!

Dr. Martín L. Vargas
Psiquiatra

FEARP

1 comentario:

  1. Valiente, mordaz, agudo, estimulante y, sobre todo, discutible, muy discutible está entrada del Dr Vargas, espero poder debatir en profundidad estás cuestiones durante el Congreso WAPR MADRID 2018

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